Misterio
Publicado: 2026-03-25

Alquilo una casa. Vieja, de madera, con techos altos y suelos que crujen. La dueña la alquilaba barata — en ese momento pensé que simplemente había tenido suerte. El primer mes, nada. Una casa normal. Pero luego me di cuenta de que cada tarde, cuando volvía del trabajo, la puerta de entrada estaba entreabierta. No abierta de par en par, no. Una rendija de dos dedos. La cerradura intacta, el pestillo echado — pero la puerta, entreabierta. Todos los días. Cambié la cerradura. No sirvió de nada. Después empezaron los pasos. No de noche — de día. Los miércoles trabajo desde casa. Estaba sentado abajo en el escritorio y arriba alguien caminaba. Despacio, pesado, como una persona mayor. De esquina a esquina. Subía — no había nadie. Bajaba — los pasos volvían al minuto o dos. Como si esperara a que yo me fuera. Puse tres cámaras. Una en el dormitorio de arriba, una en la escalera, una en la entrada. Y ahí fue cuando la cosa se puso realmente rara. Los pasos SE OYEN en las grabaciones. La cámara capta el sonido, el micrófono registra los golpes contra el suelo. Pero en el vídeo, nadie. Una habitación vacía en la que algo camina. Se lo mandé a varias personas. Todos dijeron lo mismo: las tablas del suelo se dilatan con los cambios de temperatura. Claro. Tablas que se dilatan exclusivamente los miércoles, cuando estoy en casa. Y entonces pasó algo que no me dejó dormir en dos noches. Llevo un diario. De papel, una libreta normal. La dejé abierta en la mesa de la cocina, me fui a comprar. Volví — la libreta estaba abierta en otra página. Una en blanco. Y en el centro, a lápiz, con letra temblorosa, había una sola palabra. "Miércoles" El lápiz estaba al lado de la libreta. Lo recuerdo perfectamente, porque siempre está ahí. Saqué foto, se lo enseñé a mis amigos — "lo escribiste tú y se te olvidó", "nos estás vacilando", "alguien entra cuando estás trabajando". Vivo solo. La dueña no tiene otra llave — cambié la cerradura. A partir de ahí empecé a dejar la libreta abierta a propósito. Todos los días. Dos semanas — nada. Luego, otra vez un miércoles, una entrada nueva. La misma letra. Dos líneas: "no te vayas no me gusta cuando está oscuro" Me puse a temblar. No de miedo. Porque de pronto entendí — eso no solo "está ahí". Está solo. Espera los miércoles porque los miércoles estoy en casa todo el día. Abre la puerta cuando llego. Camina arriba mientras yo estoy abajo — no para asustarme, sino simplemente... vive a mi lado. Escribí en la libreta: "¿Quién eres?" A la mañana siguiente, debajo de mi pregunta: "llevo aquí mucho tiempo" Y más abajo, en letra más pequeña, como con duda: "tú eres bueno los de antes eran malos" Seguí intentando. Preguntaba distintas cosas. A veces aparecían respuestas, a veces no. La letra siempre igual — grande, temblorosa, las letras bailando, como si la mano no estuviera acostumbrada a escribir. O hubiera olvidado cómo. Muchas veces pregunté "¿Quién eres?" Nunca hubo respuesta a eso, pero un día en la página apareció simplemente: "no me acuerdo" Ya pasaron cinco meses. Sigo viviendo aquí. Los miércoles trabajo desde casa, la puerta se entreabre cuando vuelvo, arriba alguien camina. Nos escribimos por la libreta. Es la relación más absurda de mi vida. La semana pasada llamó la dueña, preguntó qué tal la casa. Le dije que bien. Se quedó callada un buen rato y luego simplemente se despidió. La libreta está casi llena. Ayer compré una nueva. La dejé en la mesa, abierta en la primera página. Por la mañana decía: "gracias" Nadie me cree. Pero tengo una libreta en la que me escribe alguien que lleva aquí mucho tiempo.