Otro
Publicado: 2026-03-27

Me gustaría compartir algo que nos pasó a una amiga y a mí. Lo que empezó como una broma inocente puede que se haya convertido en algo completamente distinto. La verdad, ya no lo sé. ¿Han visto alguna vez la serie Supernatural? ¿Se acuerdan de los capítulos del demonio de las encrucijadas, donde la gente intercambiaba diez años de vida feliz y exitosa a cambio de su alma? Bueno, esta es nuestra historia. Lucy y yo vivíamos en una residencia universitaria, siempre buscando trabajos de medio tiempo. Después de graduarnos, habíamos fracasado en una entrevista tras otra. Y en el amor nos iba más o menos igual. Una noche — después de una fiesta, una pelea con mi novio y unos cuantos cócteles de más — a una de las dos se le ocurrió, medio en broma, que intentáramos invocar al demonio de las encrucijadas. Obviamente, no iba en serio. Nos fuimos en coche hasta un cruce en las afueras del pueblo, en plena madrugada. Pusimos unas velas y, muertas de risa, gritamos algo como: "¡Demonio de las encrucijadas, te invocamos!" No pasó nada. No firmamos nada. Nos reímos un buen rato, nos dio frío y nos fuimos a casa. Nos olvidamos por completo del asunto, hasta que más o menos un año después, en la fiesta de cumpleaños de Lucy, todos le decían lo increíble que había sido su año. Había conseguido un trabajo genial, conocido a un chico maravilloso, y tenía una boda y una carrera brillante por delante. Entonces me jaló aparte y me susurró: "¿Y si aquella noche funcionó de verdad?" Me quedé helada. A mí también me estaba yendo increíblemente bien: estaba enamorada y montando mi propio negocio. Pero claro, le quité importancia. "Esa noche no apareció nadie", le dije. "No firmamos nada." De eso hace poco más de nueve años. Y hace un mes, a Lucy la atropelló un coche. Sigue en el hospital. Lo tiene todo: un marido y un hijo a los que adora, dinero, éxito. Pero está postrada en una cama de hospital, en estado crítico, y todavía no ha despertado. Nunca firmamos ningún pacto. Solo estábamos jugando. Pero nuestras vidas de verdad cambiaron después de aquella noche. Siempre nos dijimos que era solo una coincidencia. Pero ahora… estoy aterrada.