Mi abuelo venía del pasado. Por eso sé con total certeza que los viajes en el tiempo son reales. No creo en los viajes planeados — eso de construir una máquina y elegir una fecha — pero caer por accidente en algún tipo de distorsión temporal, eso sí puede pasar. Le pasó a mi abuelo y a su amigo. Tenían diecinueve años los dos e iban juntos a un pueblo vecino. En el camino no notaron nada raro; lo único que recordaban después era que había niebla. Ni rayos, ni tormentas, ni presión en los oídos. Solo niebla normal y corriente. Cuando llegaron al pueblo, primero les extrañó no encontrar la librería que buscaban, y en general muchas cosas habían cambiado. Después pensaron que les estaban gastando una broma cuando les dijeron que estaban en 1957. Ellos decían que un momento antes estaban en 1929. Cuando volvieron a casa, de su amigo no había ni rastro en ningún registro. A mi abuelo lo tenían como desaparecido. Tuvieron suerte de ser dos, porque al menos sabían que dos personas no enloquecen a la vez. Decían que ni siquiera se lo tomaron mal. Los dos eran huérfanos, así que no había nadie por quien preocuparse, y lo vivieron como una especie de milagro. En general, después de aquello tuvieron una buena vida. Los dos se casaron, formaron familias. Fueron amigos toda la vida. Eso sí: nunca más salieron con niebla. Mi abuelo decía: "¿Y si me manda a otro sitio otra vez? Ya tengo familia. Ya no quiero ir a ninguna parte."